Placer Secreto

22 Ago

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Sos pura pasión, mi amor —decís suavemente, colocando un mechón rebelde  detrás de mi oreja.  Y con eso hacés que los latidos de mi corazón se aceleren, que se pierdan en un ritmo descomedido.

Y me siento esclava. Sí, esclava tuya. No intentaré negarlo, ni esconderlo. Porque se siente realmente bien ser mala, ser hipócrita con el mundo. Ser quien realmente soy: tu esclava.

Sé que a vos te gusta mi verdadero yo. Sé que te gusta hacerme sufrir de tal manera que, cuando te tengo cerca y me mirás con indiferencia -sólo para guardar las apariencias-, lográs que ame ese dolor, que se vuelva mi placer más secreto.

Posas tus brazos alrededor mío, seguís con tu mirada malva el contorno de mi cuello y yo sonrío por los nervios. Tenés eso que te juro que no sé qué es.

Sos terrible, cada vez te superás más, intentando encontrar la manera de volverte irresistible, de que mis «no» sean para vos unos irrefutables «sí ».

Se hace tarde, parece que nuestra sesión privada se acaba, así como todos los días el sol desaparece por el oeste.

Entiendo que es absurdo el quererte así; idiota el amar de ésta manera; ilógico el seguirte a todos lados, inútil el resistir.

Pero…

¡Genial!

Izo la bandera blanca, hago un mohín, rechino los dedos -obviamente nerviosa- y, refunfuño: Maldito hijo de puta. 

La sonrisa que desprendés compra toda mí molestia que, como hielo frente al sol, se derrite rendida. Te odio, pero no me lo creo.

¡ Che, y no te riás así! Ya sé que vos menos…

¿Con qué clase de soga invisible me tenés amarrada? Que no me soltás y tampoco me dejas.

Susurrame al oído la respuesta… 

 

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NOTA: ¡Hey, gracias por leer! (:

Agridulce

10 Mar

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Como fuego liquido, su sangre hervía apasionada, sus manos fugaces viajaban a lo largo del delicado cuerpo femenino delineando con vehemencia aquellos rincones tan conocidos por él.

Evan se dejó llevar por aquellos ojos de chocolate, tentado a llenarse de ella, a saciar su sed devoradora, a endulzarse el alma con el néctar perturbador de sus labios cerezas y de su piel salada con pequeños toques de canela.

Se inclinó sobre Briella, pegando su torso desnudo al de ella, sus manos sudadas aprisionaron las muñecas de la muchacha, dejándola atrapada entre las blancas y etéreas sabanas de seda y su amplio y bien formado pecho.

Déjame amarte, Briella —le susurró al oído con su aliento tibio y profundo. Clavó sus orbes ambarinas en la mirada de satisfacción de ella, comiéndose las ganas de retenerla allí bajo él para siempre y no dejarla ir.

No me mires así que podrías enamorarte —advirtió ella, en un profundo suspiro, sintiendo a lo largo de su cuerpo un inquietante escalofrío.

En sus labios se dibujó una sonrisa socarrona, aquella maldita tentación de perderse en ella, de probarlos eternamente.

Entonces, que así sea…—se apresuró a sentenciar hechizado por la belleza de su sirena. Adhirió sus labios a los de ella con desmesura sintiéndose como un abrazo firme e impetuoso. Aun fascinado por su sabor, osó por despegar su boca y trazar con su lengua los labios de la muchacha manteniéndola al borde del delirio. Ambos cuerpos en sincronía, moviéndose a un ritmo desbocado, acariciando con delicadeza el límite entre la pasión y el amor, jugando al encuentro eterno.

Él la embistió con rudeza y Briella arqueó la espalda profundamente estimulada por aquella dulce tortura. Suaves gemidos se alzaron al aire y junto a ellos se mezclaron los gritos guturales de Evan con una potencia estrepitosa. Sigue leyendo

Cita

«Mi corazón no es de metal; más aún como si tu amor fuese un imán, me siento resuelta, destinada a volver a ti.»

10 Mar

Besos Traviesos

17 Dic

The Vampire Diaries ©L.J. Smith

DELENA
Bien hecho, Tyler —murmuró una voz masculina—, ya tenemos una botella vacía.

Todos se giraron.

Elena y Caroline quienes habían tomado el control del karaoke, Vicky, riéndose de la desafinación de las recién nombradas y Bonnie, quien se sentía extremadamente mareada por ayudar a Tyler con el vodka.

¡Vengan, chicas! —les llamó Estefan, mientras se acercaban cuchicheando cosas a lo bajo para luego sentarse en el suelo formando una ronda.

Todos se miraron con complicidad, en especial dos, quienes deseaban ser afortunados y que la botella los eligiera.

Cuatro mujeres y dos hombres… ¡Hoy sí que los chicos se divertirían!

Muy bien, ahí vamos —dijo Estefan vigorosamente y tanto a Elena como a Vicky se les heló la sangre. El muchacho tomó la botella entre sus manos pero antes de hacerla rodar, la voz achispada y dipsómana de Bonnie se alzó al aire.

¡Esperen! —Exclamó la morena apoyando la cabeza sobre su mano— ¿Dónde meteremos a los afortunados? —lanzó, traviesa, una importante pregunta. Las miradas viraron hacia la dueña de casa, Elena, quien pensó de inmediato en el pequeño pero sin uso guardarropas de su madre.

¿El viejo armario? — preguntó encogiéndose de hombros y todos asintieron, bueno, todos a excepción de Bonnie. La pequeña fiestera yacía tirada en el suelo, dormida y obviamente fuera del juego.

Todos se carcajearon y pronto el castaño hizo girar la botella. Las miradas fijas y perdidas en ella, deseosas de saber a quién escogería. Más aún, Estefan contempló por el rabillo del ojo a Elena, y cuando observó como la sonrisa de ésta se extendía ansiosa y sorprendida, él sonrío.

Elena había sido la afortunada, pero aún quedaba por averiguar quién sería su acompañante.

Y suavemente, el que inició el juego, giró la botella.

«Es el momento» pensaron sin saberlo, al unísono, Estefan y Elena.

Lentamente la velocidad de la botella descendía, era un hecho, el guapo Salvatore sería elegido. Pero… Sigue leyendo

No quiero…

15 Dic

…CONOCERTE.

Conocerte implica involucrarse. E involucrarse significa meterse en problemas. Entonces… te conviertes en eso para mí. Y lo odio. Demasiado.

¿Que no sabes por qué? Bueno, simplemente porque sé que pasaré toda la vida buscándote la solución.

¿Y si no la encuentro? O peor, ¿y si ya la encontré pero finjo no saberlo? Me convertirás en una completa mentirosa, egoísta y absorbente…

Descubriré que el problema soy yo. Que siempre fui yo.

Vos lo descubrirás y entonces… No sé si te involucrarás como yo lo hice; y no sé si me buscarás la solución también.

Sea lo que sea que vayas a hacer, gracias por dejarme complicar la vida con vos. Después de todo, llevar una vida simple, me aburría.

 

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NOTA: Gracias por leer (:

El sí que no di

29 Ago

Es sentirse jodidamente estúpida. Es preguntarse porqué dije «no» en vez de «». Aunque en realidad nunca salió la negativa de mi boca, con mis actos le di de entender que jamás pasaría.

Y ahora. Oh, sí, ahora; ahora que miro detenidamente me doy cuenta que sólo hago cagadas cuando se trata de esa pequeña palabrita que me jode la vida.

Amor.

Y es que soy compleja. Quizá anormal para el resto. Sólo sé que me cuesta horrores decidirme antes de dar un paso.

En este caso, el cual tiene nombre (y uno muy bonito), lo dejaremos en el anonimato y le llamaremos «mi quizás…»

Mi quizás es de esos chicos lindos que no saben muy bien qué decir, pero que al final de cuentas, lo dicen. No se callan cuando respecta a lo que sienten. Y eso, tal vez me asustó.

Comencé a evitarlo. Ya no charlábamos como antes y estoy tan segura que se dio cuenta de ello. Porque un día, sólo me sonrió y obviamente no insistió en sacarme conversación.

Desde entonces, me sentí un poco aliviada; pero tenía una sensación inquieta en mi estómago. No sé si les habrá pasado alguna vez que tienen el presentimiento que metieron la pata, o que hicieron lo que no debían sólo por cobarde.

Cobardía.

Esa soy yo. Qué mejor ejemplo de ser una completa pendeja que yo misma. Aunque me anima el saber que deben haber réplicas de mi por alguna otra ciudad, pueblo o provincia. Otra pobre piba que se está comiendo las manos de bronca.

No sé por qué. No entiendo qué mierda me pasó como para no notarlo. Porque hoy en día, exactamente ésta tarde, me le quedé mirando y noté que su sonrisa es simple pero encantadora y por más animo de mierda que uno tenga, te hace sonreír instantáneamente.

Sus ojos marrones, no dicen mucho, ni su cuerpo es perfecto o ideal como los hombres audaces, resueltos y varoniles que inundan mis libros.

No. Él es normal. Él encaja perfectamente en el mundo real en el que vivo pero… lo hace especial, lo vuelve ideal.

Es entonces que me lamento tanto.

Arrepentimiento.

Es la peor parte del día. Cuando él se va y saluda (con normalidad) a todo el mundo. Y yo, soy parte de eso: de todo el mundo.

Ya no soy especial. Ya no para él.

Y duele. Jodidamente.

Porque soy yo ahora la que está queriendo con el alma decir algo inteligente o estúpido para llamar su atención. Para que me mire de nuevo como antes, me diga esas palabras hermosas que sólo guardaba para mí y yo esta vez, con total decisión, le daría todos los sí que he guardado.

Sólo para él.

Pero eso se vuelve utópico cuando comenta (al aire y todos los que le prestan atención) que se ha casado.  O se ha juntado. Da igual, la cosa es que está viviendo con alguien más.

No me siento triste, sólo pelotuda.

Chocolate Con Café

6 May

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A tres cuadras de distancia, puedo ventear el delicioso aroma a café recién hecho. Exhalo con fuerza, mientras mis pies siguen su marcha, enfilados por aquella delicada fragancia. Ian, me miras titubeante, y cada cuanto dices algo sobre «caminar como señorita»; yo sólo logro sacarte la lengua, volviendo mi actitud más infantil.

Simplemente no puedo evitar sentirme animada; hace siglos que no visitamos Canela,la mejor cafetería del mundo, según nosotros.
Apenas traspasamos el recibidor, te señalo una mesa desocupada. Tú pareces pensarlo un momento y yo te miro, como queriendo saber el porqué de tu duda.

¿Será porque está próxima a un ventanal?

Reconozco esa manía muy de ti, de acurrucarte donde nadie pudiese fastidiarte, lejos de cualquier molestia. Flotan en mi cabeza los recuerdos de aquel día en que te conocí; el cielo parecía venirse abajo cuando la intensa lluvia, aún siendo invierno, sorprendió a más de uno.

Entré a la cafetería, queriendo resguardarme de la gélida agua, y fue ahí cuando al voltear el rostro me encontré con tu mirada.

«La lluvia te trajo a mi»; me comentaste días después de conocernos. Solamente sonreí por lo bajo atinando a replicar que, en realidad, sólo buscaba cobijo y algo caliente para entibiar mi frágil corazón. Se delineó apenas una mueca divertida en tus labios, ¿tanto te costaba sonreír?

Y aún hoy se te es difícil, mi pequeño Grinch.

Emma —voceas con sutileza, trayéndome de regreso—, la moza nos pide que la sigamos.

S-sí —titubeo al sentir cómo tu mano toma la mía. Se siente fría, como la nieve que comienza a cubrir las copas de los árboles.

El invierno me hace sentir nostálgica, pero, curiosamente, me recuerda tanto a ti.

Llegamos a nuestra mesa, decorada dulcemente por un mantel níveo y terso; y, en su centro, el bosquejo de un capullo blanco con diminutos toques de rosa se lleva toda mi atención. Tú, sólo volteas a mirarme; sí, lo sabes, mi color favorito.

La señorita mesera: Sarah, según indica el distintivo en su uniforme malva, nos brinda la cartilla con una increíble cantidad de bebidas calientes. Desde el Espresso hasta el Caffe Latte, siendo este último una mezcla entre Espresso y algo más. No logro discernir qué es, creo que está en italiano o algo así. Y para los amantes del café, la lista no termina ahí. Con mi dedo índice busco algo más dulce, en realidad nunca me gustó el sabor amargo del café.

Disculpa —le llamo a Sarah—, para mí una taza de chocolate bien caliente, por favor.

Automáticamente clavas esos ojos verdes en mi; frunces el ceño y chasqueas la lengua. Fijas nuevamente la mirada en la cartilla y no sé porque demoras tanto en replicarme algo; conociéndote como te conozco se que esa «cara de reproche» es por lo que acabo de pedir.

Ian, suéltalo —añado divertida, jugueteando con un coqueto y rubio mecho de mis cabellos.

Elevas la mirada, y ambos nos miramos fijamente, desatendiendo la presencia de Sarah de entre nosotros.

¿No crees que el chocolate es para los niños? —Comentas agudo, y, sin darme tiempo a argüir, añades—: un Cappuccino, señorita.

La muchacha de enormes ojos amatista sonríe ligeramente, girando sobre sus pies.

El chocolate endulza la vida, deberías probarlo, ¿quién te dice?, tal vez se te quite lo enojón —comento bromeando; tú sólo suspiras.

¿Es difícil combinar? Me refiero, obviamente, a mi forma de ver la vida y el sinsabor que tú le das. A veces me pregunto qué fue eso que nos provocó mutua atracción, maquinando en mi cabeza varias ideas de cómo nos vemos tú y yo. Tú, amarecente, frió e insensible, así como la lluvia que enviste contra la ventana; amargo, cómo el café que paladeas.

Mi mirada resbala de ti a mi pequeña taza, adornado en porcelana, con pequeños tintes de colores.

Sonrío.

Dime que tomas y, ¿te diré como eres? Sigue leyendo

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