Bajo la Lluvia

5 May

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Fulminante.

Galopante.

Sentí vibrar a mi corazón. Gotas frías de lluvia, de días de verano, aroma silvestre e indomesticable impregnaba la borrosa imagen firme a pasos de mí.

Pasos contables, exactos y tortuosos. Sus ojos café, café de campo, café suave. Que se suavizaban de pronto, a la vez lento, sin saber su causa. Quizá la lluvia o pequeñas lagrimas camufladas…

Sus labios enardecidos conteniendo la emoción. Los oprimió con fuerza, se dejó llevar por el dolor.

Duele saber que estás y que te vas —su aliento cálido penetró el silencio, mis pies se rindieron, mi cabeza se hundió y mi corazón…—. Quizá no nacimos para estar juntos o tal vez esperé demasiado tiempo para tomar en cuenta a mi corazón. Debí engañarme una vez más, aquel día cuando te casaste, cuando te vi enfundada en alas de ángel, blancas e inmaculadas. Percibí tus claros ojos, aun bajo el velo. Creí verte llorar y me preocupé. Pero luego consideré la idea de que fueran de felicidad. ¿Porque no? Si estabas cumpliendo tu sueño.

Él cerró los ojos y avanzó cauteloso su marcha.

Escuché tu: «Si, acepto» y dolió, dolió como nada en la vida. Me volví a cuestionar si era lo que tú querías, si él era a quien amabas, si ya sería demasiado tarde.

Silencio, minuciosos centímetros de distancia, la lluvia y él. Abrió sus ojos, los fijó en mí y fulminaron.

Sus dedos rozaron mis cabellos y bajaron, lentamente. Tocaron mi dermis, quemaron cada parte acariciada.

Él se inclinó apenas y pegó su torso al mío, sentí su calor, su fragancia. Me tomó del mentón, elevé la mirada y me perdí en él, como hace tantos años.

Y sucedió: me pegué a su cintura, abrasé su hombría, besé sus labios, él besó los míos. Los sabores de años de experiencia y de siglos de distancia sólo mejoraron el momento. Vigorosas, mis manos recorrieron cada aposento disponible, viajaron por su cabello empapado y despeinado, siguieron camino por su firme y recio pecho.

Mi dulce amante  me tocó, como nadie. Los dedos de mis pies se encogieron y mis labios ardían. No deseaba soltarte y tú no querías dejarme ir. Pero me apartaste de tu cercanía y volviste a suspirar.

¿Es demasiado tarde? —inquiriste asustado, y temblé.

Con mis dedos delineé tu rostro, particularmente esos ojos de caramelo.

Se dibujó una sonrisa en la mía y me sentí segura. Más que nunca.

Tú fuiste mi comienzo, tú me encontraste —musité—. Contigo me animé a vivir, a ser libre. Junto a ti fui inocente y contigo también perdí el sentido de la inocencia —sonreíste al recordar aquella nuestra “primera vez”—. Formaste parte de mi mundo y aunque… —sujeté con fuerza tu rostro— te alejé de él, hoy sólo quiero amarrarte a mí para siempre y no dejarte ir nunca, nunca más.

Y nos fundimos nuevamente, bajo la lluvia como testigo. Te volví a amar y sentí a través de la camisa a tu corazón salirse, entregarse. Me amaste todo este tiempo, me amaste sin importarte nada, sabiendo que tal vez jamás volvería.

Y me esperaste y yo regresé.

———————-

NOTA: Muchas gracias por tu lectura 😀

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Una respuesta to “Bajo la Lluvia”

  1. ✎ Soul Kwonnie ♪ (@SolBronte) 11 agosto, 2012 a 2:50 #

    Awwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww!! ❤

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